Antes incluso de que abra la boca, su entorno ya sabe algo de usted. La primera impresión se produce antes de lo que crees, y quizá de una forma muy distinta a la que imaginas.
Los psicólogos hablan de lo que se denomina «thin slicing «: la capacidad del cerebro para formarse una imagen de una persona en los primeros segundos de contacto. No se trata de juicios superficiales o ideas preconcebidas. Se trata de las señales que enviamos inconscientemente: el ritmo de nuestros movimientos, la forma en que miramos alrededor de la habitación, si hablamos primero o esperamos. Cada uno de nosotros tiene un «transmisor» natural, y la mayoría de la gente no tiene ni idea de ello porque nunca ha tenido que encenderlo conscientemente.
Lo atractivo de este tema es precisamente el desfase entre cómo nos vemos a nosotros mismos y lo que transmitimos al exterior. Algunas personas se ven a sí mismas como poco llamativas, mientras que otras las ven como discretamente fascinantes. Otro piensa que es amable y abierto, pero su energía en realidad dice: «Estoy aquí y tengo una intención clara, así que vamos al grano». Estas discrepancias entre la autopercepción y la impresión real no son un defecto de la personalidad, simplemente forman parte de cómo funcionamos como humanos en nuestras interacciones con los demás.
Por eso este tema es tan importante. No se trata de ser diferentes o de arreglarnos. Se trata de reconocer lo que aportas de forma natural a cada habitación, a cada conversación, a cada primer encuentro, y de lo que quieres hacer al respecto.
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